Guadalajara, la ciudad sobria de Castilla – La Mancha

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La Guadalajara española es una ciudad con un pasado glorioso, que vivió un declive y un gran abandono, pero que se está recuperando con fuerza.

¿Qué esconde esta ciudad? ¿Sabe y calla? ¿Aguarda algún prodigio o intuye otra mañana? Guadalajara camina despacio, paso a paso, con sus piedras y tesoros, sin hacer ruido. Se duele de las pérdidas, pero ha aprendido a valorar lo que aún le queda. Su nombre va ligado, sin duda, a México.

Ciudad árabe y cristiana

Sabe mucho la ciudad porque fue árabe y cristiana, porque ha sido amada y olvidada. Mucho sabe de las glorias Guadalajara y mucho del abandono. Ella fue conquistada por Álvar Fáñez de Minaya, el fiel caballero del Cid. Ella vivió tantas guerras y tuvo su pecho abierto en mil heridas.

A su lado caminaron algunos reyes: Alfonso VI, Alfonso VII, quien le concedió el fuero en 1133, Fernando III y ese otro Alfonso, el Sabio, que supo engrandecerla y hacer que viviera una etapa de prosperidad. Enrique IV le concedió el título de ciudad. ¿Qué era antes, villa o pueblo?

La familia Mendoza y Guadalajara

Guadalajara va ligada a la familia Mendoza, que se estableció allí y le dio sello y alcurnia. El Marqués de Santillana, el gran cardenal Pedro González de Mendoza y tantos otros la escogieron para vivir en ella. El Palacio del Infantado todavía sabe, guarda y late de vida y de animación.

El declive del Barroco

Con el Barroco llegó el declive. El siglo XVII, que para las artes fue espléndido, resultó nefasto para la política y la economía. La nación se venía abajo y los intelectuales clamaban sin cesar, pero nadie los oía.

Los Mendoza se trasladaron a Madrid y dejaron a Guadalajara, la bien amada, a su propio amparo; la dejaron dormir el sueño de los siglos.

La sangría de la Guerra de Sucesión

En el siglo XVIII volvió a sufrir otra sangría en la Guerra de Sucesión y Felipe V fue magnánimo con ella –en esa ocasión– y permitió que se estableciera allí la Real Fábrica de Paños. Guadalajara siguió así su destino. Ella, que se creía princesa, ahora se había convertido en cautiva.

Guadalajara y Madrid

A mediados del siglo XIX volvió a vivir bajo el peso de la historia, dormida. Pasó por épocas duras, ella, la de las cien iglesias, y volvió a surgir, una y mil veces, como el fénix. Ahora, Guadalajara vive un poco al lado de Madrid. ¡Qué cosas, los Mendoza la cambiaron por la capital también! Guadalajara, sin embargo, ya no está acomplejada, quiere dejar de ser el satélite de otra gran ciudad y ser ella misma. Poco a poco se atreve a mirarse, a contemplarse, a saberse bella. Ya no es joven, ya no es doncella, pero no le falta ni belleza ni solera.

La ciudad recuperada

A veces nadie sabe cómo suceden las cosas, pero nadie tampoco tiene el secreto de la verdad. Hasta hace poco, Guadalajara se debatía entre seguir y dejarlo; ahora ha vuelto a dar luz a sus viejos edificios, se ha congraciado con su pasado y enfila, con alegría y nuevos bríos, esos tiempos cambiantes que a todos nos ha tocado vivir.

No se olvida de su pasado, no se olvida de sí misma.

Pasear por la Guadalajara monumental supone hacerlo por nuestra propia historia, a veces próspera, otras triste, llena de claros y oscuros; pero siempre noble y fuerte como ella misma, el valle de las piedras.

El Alcázar, el Palacio del Infantado, las Iglesias

¿Qué conserva del Alcázar? Casi nada, pero la imaginación es poderosa y las excavaciones arqueológicas caminan a buen ritmo y ya se puede evocar, ya se puede palpar casi. Mucho más fácil de recuperar es el Palacio del Infantado, de una soberbia que enamora, que también sufrió mutaciones y pérdidas.

Vintage image of Palacio del Infantado

El palacio, la cuna de los Mendoza, es sobrio y sólido; pero, pese a ser Palacio y no Mansión, tiene un destello de coquetería en sus piedras.

Muchos rincones mágicos depara al viajero Guadalajara, la Iglesia de Santiago, el Convento de la Piedad de las Carmelitas de San José, la Concatedral de Santa María –que la catedral está en Sigüenza– o esa joya, la Capilla de Luis de Lucena.

Iglesias y palacios en Castilla, iglesias y palacios como el de Dávalos o el de la Cotilla; pero también restos de murallas y algún torreón defensivo. Ésa es la Guadalajara que mira al Henares, la Guadalajara que fue inexpugnable.

Señora y no sirvienta

Guadalajara es la ciudad dorada que se deja acariciar por el sol, que no se creía especial, pero que lo es; la ciudad que se quiere ver de nuevo señora y no sirvienta; la ciudad que sabe mucho del alma humana, porque ha sufrido toda clase de sinrazones.

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Como periodista de viajes experta para publicaciones españolas, ella destaca por su habilidad de dar vida a diversos destinos con sus relatos vívidos y consejos útiles, inspirando a los lectores con su pasión por la exploración.